El lenguaje ilimitado

Esa es una cuestión fascinante que toca el límite mismo de nuestra experiencia del mundo. Si el lenguaje fuese ilimitado y pudiese abarcar cualquier experiencia, pensamiento o sensación, probablemente nuestra percepción de la realidad cambiaría.

El lenguaje, como lo conocemos, estructura lo que podemos entender y compartir. Al poder describir algo, no solo lo expresamos, sino que también lo conceptualizamos. A través del lenguaje, delimitamos pensamientos y les damos forma, algo que muchas veces es tan intangible que sin palabras apenas puede comprenderse. Si ese límite se desvaneciera y pudiésemos comunicarnos sin restricciones, es posible que ciertos aspectos de la realidad y la experiencia se volvieran más evidentes, ya que tendríamos formas para nombrarlos y explorarlos.

Este tipo de lenguaje ilimitado podría actuar como un puente hacia una realidad más profunda, permitiéndonos acceder y darnos cuenta de aspectos que ahora escapan a nuestra comprensión, porque actualmente no tenemos palabras para nombrarlos. Al poder comunicarlos, esos aspectos adquirirían un peso diferente en nuestra conciencia. Y no solo comunicaríamos nuestras ideas, sino también aquello que es inefable: emociones complejas, intuiciones sutiles, incluso sensaciones o conocimientos que son difíciles de expresar.

Podríamos empezar a “descubrir” cosas simplemente porque las palabras existirían para pensarlas y articularlas. Quizás veríamos las conexiones entre ideas y conceptos que antes permanecían ocultos, o podríamos explorar emociones y experiencias con un grado de precisión que hoy solo podemos soñar.